viernes, 6 de noviembre de 2009

Nuevas recomendaciones de la OMS

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La Oficina Regional de la OMS para Europa ha editado una nueva Guía sobre el ruido nocturno para Europa, publicación en la que han colaborado treinta y cinco expertos en disciplinas médicas y acústicas y diversas organizaciones –caso de la Comisión Europea– y que proporciona evidencias sobre cómo la contaminación acústica nocturna afecta a la salud de las personas. Por ello, también ofrece recomendaciones para evitar sus efectos nocivos.

Según la OMS, el nuevo límite planteado para evitar efectos nocivos sobre la salud es una exposición media nocturna anual que no debe exceder de los 40 decibelios (dB), el nivel de ruido equiparable al de una calle tranquila de una zona residencial. Y es que no sólo las exposiciones mantenidas superiores pueden causar insomnio, sino que la exposición a largo plazo a niveles superiores a los 55 dB, el nivel de ruido propio de una calle concurrida, puede desencadenar hipertensión arterial y otras patologías cardiovasculares como infartos de miocardio. Según la OMS, uno de cada cinco europeos está expuesto habitualmente a estos niveles de ruido.

En palabras del Dr. Srdan Matic, jefe del Departamento de enfermedades no transmisibles y medio ambiente de la Oficina Regional, “las nuevas directivas ayudarán a que los países reconozcan y aborden los problemas relacionados con el ruido y la salud. Basadas en una evaluación de la evidencia científica desarrollada por expertos durante seis años, los gobiernos tienen ahora mayores justificaciones para regular la exposición al ruido nocturno, así como una guía clara sobre cuáles deben ser los límites adecuados”.

No en vano, las investigaciones más recientes muestran una clara vinculación entre el ruido nocturno y diversos problemas para la salud, no únicamente el mero daño auditivo. Así, el ruido puede agravar diversas patologías, especialmente a través de su efecto distorsionador del sueño. Mientras las personas dormimos, nuestros oídos y nuestro cerebro continúan reaccionado a los sonidos. Las alteraciones en el sueño como el insomnio son los primeros efectos del ruido nocturno, y éstas pueden derivar en enfermedades psiquiátricas. Por otro lado, el ruido puede desencadenar enfermedad cardiovascular prematura, la primera causa de muerte en los países desarrollados. Así, por ejemplo, el ruido nocturno de un avión puede incrementar la presión arterial.

Los niños, los más vulnerables

Los niños, al dormir más horas que los adultos, están más expuestos al ruido nocturno. También los ancianos y los enfermos crónicos son más vulnerables a este tipo de problemas e, igualmente, los trabajadores por turnos se ven afectados en mayor medida debido a que su estructura de sueño ya está distorsionada habitualmente por su actividad laboral. Del mismo modo, las personas que no se pueden permitir vivir en zonas residenciales tranquilas o cuyas viviendas no están suficientemente aisladas pueden sufrir por este tipo de problemas.

Según la OMS, las nuevas directrices complementan la reciente directiva sobre el ruido ambiental de la Unión Europea que requiere a los países el establecimiento de un mapa de las áreas más ruidosas, pero que se queda corta a la hora de establecer los límites. Así, algunas de las intervenciones sugeridas por la nueva guía incluyen el desvío del tráfico de zonas con hospitales o colegios y la implantación de barreras acústicas. Del mismo modo, la OMS considera que las áreas más ruidosas podrían ser adecuadas para el establecimiento de oficinas, lugares en los que la gente no se encuentra por las noches. A nivel individual, medidas sencillas como colocar la cama en el lado más tranquilo de la vivienda o mejorar el aislamiento acústico de las ventanas puede contribuir a reducir el impacto acústico nocturno.

Como afirma el Dr. Rokho Kim, director del proyecto, “del mismo modo que la polución y los químicos tóxicos, el ruido ambiental daña la salud, pero aunque casi todo el mundo está expuesto a demasiado ruido, su importancia se ha minimizado al tratarlo como un inevitable factor de la vida urbana y no ha sido evaluado ni controlado tanto como otros riesgos. Esperamos que estas nuevas directivas contribuyan al desarrollo de una mayor conciencia sobre el ruido y estimulen a gobiernos y autoridades locales a invertir esfuerzos y recursos económicos para abordar este problema creciente, especialmente en las ciudades”.

(Fuente PEACRAM)

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