viernes, 24 de abril de 2009

Del ocio


Me encantaría, que nadie lo dude, como cacereño y como presidente de la Asociación Cacereños Contra el Ruido, dar noticias agradables sobre nuestra ciudad. Noticias que evidencien un avance cultural por excelencia. Surge el problema cuando afronto la realidad y constato que el criterio de algunos ciudadanos, con las autoridades locales o autonómicas al frente, es que sólo parece existir la mal llamada cultura del ocio.

Escribía algún ilustrado (iluminado) en un comentario en el Periódico de Extremadura que Cacereños Contra el Ruido debería cambiar el nombre por el de Cacereños contra el ocio. Basa su afirmación en que en nuestros Estatutos decimos que: “El fin de la Asociación es combatir por todos los procedimientos legales en un Estado de Derecho la contaminación acústica, sus causas y sus efectos; así como todo lo que de negativo acarrea a algunos barrios sometidos a un descontrolado e ilegal uso para fines de ocio (suciedad, destrozo de mobiliario y vehículos particulares, consumo de estupefacientes y de alcohol en la vía pública, peleas, amenazas y agresiones a vecinos)

Esto es algo de lo que generalizadamente se suele acusar a los que protestamos por la contaminación acústica, así como que estamos contra la cultura. Incluso en los medios de comunicación podemos ver como a la Ordenanza sobre Protección del Medio Ambiente en Materia de Ruidos y Vibraciones se la denomina Ordenanza del Ocio.

Ocio por definición no es más que el “estado de la persona inactiva”. Desde el punto de vista sociológico, el ocio se concibe como el conjunto de actividades a que puede dedicarse un individuo voluntariamente, para descansar, divertirse, desarrollar su información o dar su participación social voluntaria, después de quedar libre de sus ocupaciones. Esto es así, y no se puede confundir ocio con cultura, aunque nuestro tiempo de ocio pueda ser ocupado total o parcialmente con actividades culturales.

Legítimo es, pues, dedicar el tiempo libre a leer, escuchar música, visitar museos, ir al cine, presenciar espectáculos, deleitarse paseando, consumiendo bebidas o comidas, bailando contorneándose en un local adecuado, etc. etc. o simplemente permaneciendo inactivo, por lo que aquéllos que quieran dedicar su tiempo libre a eso, a permanecer inactivos, a descansar, a dormir, máxime en horas nocturnas, tienen igual derecho a hacerlo. No puede entonces prevalecer el acoso de algunos impidiendo tal derecho, dado que bajo ningún concepto existe la obligación jurídica de soportarlo.

Se confunden y están en un grave error, los que aducen que algunos estamos en contra de la cultura cuando defendemos nuestro derecho, no sólo al descanso, sino a la salud, pues la grave contaminación acústica que sufrimos nos está llevando a enfermar. Se confunden los que, para defender su ilegalidad, aducen que no nos gusta la música o divertirnos. Nos gusta como al que más. Pero sin agredir al resto de ciudadanos.

Por eso es no sólo inaudito, sino alarmante, antidemocrático, antijurídico, antisocial y de una flagrante insolidaridad, que a algunos ciudadanos se nos prive de nuestro derecho al ocio en la intimidad de nuestros hogares, permitiendo a otros ciudadanos que utilicen su ocio para agredirnos.

Conciertos, actuaciones, actos culturales o populares…cuantos más mejor, pero siempre, respetando la normativa vigente y los derechos de los demás ciudadanos a disfrutar de su ocio.

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