sábado, 27 de febrero de 2010

La Madrila (Cáceres)

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Concierto ilegal en uno de los bares situado en los bajos de las viviendas

Intentábamos grabar una entrevista para la Televisión de Extremadura en un portal de uno de los bloques más castigados por la contaminación acústica. En él hay cuatro locales de ruido y otro expendedor de bebidas y comidas abierto las veinticuatro horas, y cuya fachada posterior da a la Plaza de Albatros. No dejaban de entrar y salir vecinos. Preguntaban de qué se trataba. Al decirles el motivo la desolación se evidenciaba en sus caras.
Marina debe andar por los ..., buena presencia, educada y amable con todos sus vecinos. Dedicó una larga vida a los demás desde su puesto de enfermera. Ahora se supone que debe disfrutar de un merecido descanso. Pues no es cierto.
- Ya cuando llega el jueves –dice – me pongo a temblar. Simplemente pensar en lo que me espera desde ese día al domingo es que tiemblo.
En su mismo bloque vive Teresa. Algo más mayor que Marina, viuda y aspecto digno. Vive encima del chunda chunda más espantoso del barrio. Su tantán se escucha de manera infernal e insoportable desde su decimo piso. Nos dice:
- Mi marido ya se murió y con la desesperación de no poder hacer nada. Mis enfermedades se ven agravadas con esta insoportable situación. ¡Es terrible!.
- Pues imagínese en mi casa – nos confesaba la pobre Encarna, vecina del primer piso – incluso un día que vinieron unos señores a medir el ruido, me dijeron: ¿cómo puede usted aguantar esto, señora?. Es insoportable, y así noche tras noche.
A veces pienso que los vecinos de este barrio son todos descendientes del Santo Job, pues no creo que alguien les gane a paciencia. El portero del edificio, se desespera, pero ya no habla del tema.
- No se puede hacer nada – dice – ya llevamos así treinta años, yo llamo muchas veces a la Policía pero ya ni vienen. Algunas veces me preguntan ¿pero dónde es el ruido? ¿en un piso? Y cuando les digo que es en el bar que tengo debajo o encima de casa me dicen que no pueden hacer nada.
Convencido está de que es cierto, que no se puede hacer nada - al menos eso me dice – Pero por dentro está pensando que algo se podrá hacer, sobre todo desde que se oye por ahí que tenemos que unirnos y defender nuestros derechos. Me doy cuenta que aunque la desesperación es muy grande en los residentes de la Madrila-Peña del Cura, en cuanto ven un poco de esperanza, reaccionan y están dispuestos a contarte sus quejas desgarradoras.
- Llevo años y años tomando pastillas y aún así es una auténtica tortura el estar sometida a este ruido. Ya pienso que me moriré sin ver solucionado el problema. – Me confiesa con enorme tristeza Teresa –
Y es que es muy triste que un "inventado" derecho a hacer ruido. prevalezca sobre un derecho al descanso y a la intimidad de tu hogar. Peor aún y más triste, que esto suceda ante la pasividad de las llamadas Autoridades competentes. Y no lo decimos nosotros, lo dice el Defensor del Pueblo: "No existe el derecho a hacer ruido, sí existe el derecho a no soportar el ruido"

Antonio Durán

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