sábado, 9 de enero de 2010

No podemos creerle Sr. Jurado

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Grandes multas a los hosteleros si no cumplen ya la normativa de "ocio", así reza el titular de un artículo del Periódico de Extremadura.

He tenido la suerte, y desgracia, de estudiar en profundidad la modificación de la "Ordenanza Municipal sobre protección del medio ambiente en materia de ruidos y vibraciones" del Excmo. Ayuntamiento de Cáceres. Y digo bien suerte, pues así podremos estar precabidos de lo que se nos avecina, que no es otra cosa que un descalabro, por eso también digo bien, desgracia. Somos sufridores (damnificados diría yo) ciudadanos de Cáceres, y vecinos de barrios gravados fiscalmente por el Excmo. Ayuntamiento como "zona residencial", y en la práctica sometido a escandalosa contaminación acústica y estercolero y retrete de los insolidarios que nos visitan. También tengo que aclarar que agradezco sinceramente a aquellos que dicen interesarse por nuestro enorme problema (siempre y cuando demuestren también su sinceridad, cosa que aún no han hecho). En este caso me refiero al Sr. Carlos Jurado, Concejal de Seguridad Ciudadana. Se nos hace un poco "cuesta arriba" creer en este tipo de apoyos o promesas, pues pasado el tiempo sentimos que es más de lo mismo y nada más. Pero en fin. La esperanza nunca se pierde, por lo que paso directamente al asunto: La queja, desgarradora por cierto, es que la situación es insoportable e insostenible por más tiempo, pues los síntomas que se manifiestan ya en algunos de nosotros son los clásicos de: deficiencias auditivas, grave perturbación del sueño, neurosis, hipertensión, reducción de los comportamientos solidarios, tendencias agresivas, etc.

Tenemos derecho (Constitucional y natural) a que el medio ambiente en el que vivimos esté protegido de todo ruido "que no pueda ser socialmente adecuado, como los que están legal y reglamentariamente proscritos", tal como muy bien afirma D. Aurelio Blanco Peñalver, Fiscal Superior de Extremadura, en su artículo publicado en el nº 1 (Enero-Abril 2008) de la Revista de Derecho de Extremadura; cuya lectura recomiendo encarecidamente a los interesados en solucionar este problema (también si los hubiere entre las autoridades) y a los damnificados por el mismo. Este derecho nos es negado reiterada y sistemáticamente a una porción de ciudadanos a los que injusta e innecesariamente se nos somete a alarmante e insoportable contaminación acústica, al margen de la causada por excrementos, vidrios y otra "lindezas".

Pero lo más grave, triste y desolador es que la nueva Ordenanza, propuesta por un partido político que se dice interesado por los asuntos sociales, la igualdad, etc., con el apoyo de otro que propone semejantes "camelos", no sólo no solucionará nada, sino que de una manera antijurídica vendrá a empeorar nuestra situación, siendo el hecho más alarmante el de la concesión de nuevas licencias a locales "de ruido", con manifiesto incumplimiento de la norma, al tratarse de barrios declarados como zonas saturadas. Esto estoy dispuesto a defenderlo en cualquier foro.

Por ello nuestra sugerencia más primordial no puede ser otra que pedirle al Sr. Jurado si realmente quiere ponerse al lado de los que más sufren esta injusta situación, que se olvide de la Ordenanza por ilegal y antisocial. Que aplique la normativa Estatal y Autonómica, suficiente para solucionar el problema. Esa actitud, y sólo esa, estaría en consonancia con cualquier manifestación de apoyo a los que sufren menoscabo en sus derechos, constitucionales o naturales. Lo contrario sería apoyar a los que tienen por única finalidad, no nos engañemos, aumentar sus beneficios. Aquí no está en pugna o litigio, ni mucho menos, la cultura con la anticultura, o el ocio contra el aburrimiento, sino sólo los intereses venales y la insolidaridad de algunos, con el derecho al descanso, la intimidad y la salud de otros. Una ciudad con cultura no es esto. En una ciudad (sociedad) con cultura debe ser primordial el exquisito respeto de unos para con otros. A modo de ejemplo, por muy arraigado que pudiera estar la costumbre en ciertas tribus caníbales, no puede ser aceptado el canibalismo en una sociedad civilizada. Por muy arraigado que pueda estar en nuestra ciudad el dar voces, sonar la bocina, orinar en la vía pública, etc. etc. es algo a lo que se ha de renunciar en aras a una mejor y más civilizada convivencia acorde con los tiempos actuales, que se suponen más avanzados; por supuesto que en ello tiene máxima responsabilidad la autoridad legalmente constituida, por medio de la formación-información-sanción.

Aquí sólo está en juego el cumplimiento o no, entre otros preceptos, del art. 45 de la Constitución, que establece en su nº 1 que "todos tienen derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo". Sin olvidarnos del mandato que hace en su nº 2 a "los poderes públicos [que] velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la solidaridad colectiva". Siendo esto algo de lo que adolecemos ciertos vecinos al sentirnos desprotegidos por nuestras autoridades (principalmente las locales) al no velar por la protección de nuestro derecho a no sufrir la contaminación acústica que soportamos, como sería su obligación. "Los Ayuntamientos…tienen que mostrarse particularmente rigurosos en ese problema de respeto al medio ambiente…pues muchos de sus aspectos afectan a la supervivencia, y otros como el de la contaminación acústica, a la salud y a la convivencia civilizada", tal como recoge y hace especial referencia la Sentencia de la Sala 3ª del Tribunal Supremo de 7 de noviembre de 1990.

Esto es, resumidamente, nuestra sugerencia y nuestra queja, en respuesta a las declaraciones del Sr. Jurado sobre que "el ayuntamiento empezará a aplicar la normativa" y que "la policía tiene instrucciones para denunciar a los establecimientos que no cumplan las condiciones establecidas". Verá usted Sr. Jurado, no podemos creerle: Esta madrugada a las 4'30 he bajado a pedir a la patrulla de la Policía Local situada en la calle Santa Teresa que levantaran acta por infracción de horarios a locales que continuaban abiertos. El agente que leía una revista en el interior del vehículo ni siquiera se ha molestado en bajarse, y me ha contestado que no estaba de servicio el GES...bueno para que seguir, son situaciones increibles. La misma suerte he corrido con la Policía Nacional, total, que sin dormir otro viernes. ¿Ve usted por qué no le creemos?

Antonio Durán


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