lunes, 19 de marzo de 2012

¿Manipulación interesada o incultura supina?

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Son escandalosos algunos de los comentarios vertidos estos últimos días en los medios digitales. Se quiere hacer creer que los afectados por la contaminación acústiga somos amargados, de avanzada edad, que no nos gusta la diversión, y en definitiva que estamos en contra del "ocio".


Esto es algo de lo que generalizadamente se suele acusar a los que protestamos por la contaminación acústica, así como que estamos contra la cultura. Incluso en los medios de comunicación podemos ver como a la Ordenanza sobre Protección del Medio Ambiente en Materia de Ruidos y Vibraciones se la denomina Ordenanza del Ocio.

Ocio por definición no es más que el “estado de la persona inactiva”. Desde el punto de vista sociológico, el ocio se concibe como el conjunto de actividades a que puede dedicarse un individuo voluntariamente, para descansar, divertirse, desarrollar su información o dar su participación social voluntaria, después de quedar libre de sus ocupaciones. Esto es así, y no se puede confundir ocio con cultura, aunque nuestro tiempo de ocio pueda ser ocupado total o parcialmente con actividades culturales.

Legítimo es, pues, dedicar el tiempo libre a leer, escuchar música, visitar museos, ir al cine, presenciar espectáculos, deleitarse paseando, consumiendo bebidas o comidas, bailando contorneándose en un local adecuado, etc. etc. o simplemente permaneciendo inactivo, por lo que aquéllos que quieran dedicar su tiempo libre a eso, a permanecer inactivos, a descansar, a dormir, máxime en horas nocturnas, tienen igual derecho a hacerlo. No puede entonces prevalecer el acoso de algunos impidiendo tal derecho, dado que bajo ningún concepto existe la obligación jurídica de soportarlo.

Se confunden y están en un grave error, los que aducen que algunos estamos en contra de la cultura cuando defendemos nuestro derecho, no sólo al descanso, sino a la salud, pues la grave contaminación acústica que sufrimos nos está llevando a enfermar. Se confunden los que, para defender su ilegalidad, aducen que no nos gusta la música o divertirnos. Nos gusta como al que más. Pero sin agredir al resto de ciudadanos.

Por eso es no sólo inaudito, sino alarmante, antidemocrático, antijurídico, antisocial y de una flagrante insolidaridad, que a algunos ciudadanos se nos prive de nuestro derecho al ocio en la intimidad de nuestros hogares, permitiendo a otros ciudadanos que utilicen su ocio para agredirnos.

Antonio Durán

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